Era un día cualquiera, un viaje de dos paradas en tren hacia la universidad. Me subí, me senté de espaldas a la ventana y allí estaba, a las 3, a 90º de mi, a mi izquierda, leyendo, con gorro de lana, una bonita chica, una bonita foto.

La cámara que llevaba ese día era una Canon AE-1 de carrete. Sí, tengo cámaras digitales pero ese mes hice fotos con carrete a color, se ve que tendría para pagar el revelado.

Lo primero que hice fue evitar en todo lo posible alterar la situación mientras la observaba. Lo último que pretendía era molestar a alguien. Cargué el fotograma, apunté con el 80-200 (diafragma mayor de 4.5), medí la luz en la blanca tez de la muchacha y pum! no había luz suficiente! horror!

A 200 ASA con el tele-zoom no había luz como para disparar a una velocidad que no produjera una foto movida, y menos en un tren.

Y allí estaba, ella leyendo y yo con poca luz.

Me di cuenta de que un grupo de nubes tapaban el sol, dichosas nubes. El viento se las llevaba poco a poco. Entonces puse la velocidad a 1/30 segundos, bastante baja para disparar con una focal 80mm, muy baja. El viejo objetivo no tenía estabilizador, ni siquiera autofocus, todo a mano. Lo normal sería disparar a 1/80 como mínimo para asegurar que no salga movida.

No iba a quedarme sin disparar, olvidé lo que me decía el fotómetro, necesitaba optimismo. En cuanto vi que el sol la iluminaba disparé, cargué de nuevo, me miró, sonreí sin apartar la cámara de mi cara (nunca me lo perdonaré, muy mal educado por mi parte).

Miró por la ventana y volví a disparar. El tren llegó a mi destino y me bajé, no sé si ella también.

La historia no acaba aquí, tenía que acabar el carrete, 36 fotos y no lo iba a desechar. Todavía no sabía como había quedado la foto. Cuando por fin lo revelé, semanas después, fui a casa de un amigo a digitalizar los negativos. Allí estaban las dos fotos, perfectamente expuestas.

Los meses de después, yendo en tren, la busqué entre la gente, tenía que ser de Tres Cantos o Colmenar Viejo, no hay más paradas antes. Nunca la encontré así que nunca le he podido dar su foto, ni las gracias, ni las disculpas.

Esa fue la primera vez que hice un retrato en el tren y desde entonces he seguido haciendo fotos a la gente en el tren, siempre con educación y respeto, por supuesto.

Aquí algunas de ellas. Picasa